«En una noche oscura, con ansias en amores inflamada…» (San Juan de la Cruz, Noche oscura del alma). A veces, la verdad es que el sol no se pone; se hunde como un ancla en el pecho. No es tristeza de domingo. Es un peso. Uno de esos que te deja la mirada fija en una pelusa de la alfombra mientras el mundo afuera sigue girando, ruidoso e indiferente. ¿Cómo se vuelve de ese exilio?
En su obra El hombre en busca de sentido, Viktor Frankl nos lanza un salvavidas que no es de plástico, sino de pura voluntad. Él decía que hasta en el rincón más mugriento de un campo de concentración, el hombre puede decidir qué actitud tomar. La depresión, ese «sol hundido», suele robarnos el logos, el sentido. Pero el sentido no se inventa, che, se descubre. Está ahí, agazapado entre los escombros de una rutina que se siente vacía, esperando que uno deje de mirar el abismo para buscar un resquicio de luz.
Mira, si viste Melancholia de Lars von Trier, entiendes de qué hablo. Esa imagen final, con el planeta gigante acercándose mientras Justine espera sentada, es la metáfora perfecta del colapso. Para quien vive en la sombra, la catástrofe no es algo que «podría» pasar; es algo que ya está ocurriendo. Es una inercia visual donde el futuro se cancela. Pero, a diferencia de la peli, en la clínica de la existencia intentamos que el impacto no sea el fin, sino un punto de apoyo para el despegue.
Si esta sensación tuviera banda sonora, sería la versión de «Hurt» de Johnny Cash. Esa voz rota que dice: «I focus on the pain, the only thing that’s real». Es visceral. Te eriza la piel porque suena a verdad desnuda. La música ahí no busca consolarte con violines dulces, sino validarte el desgarro. A veces, para salir del pozo, primero hay que aceptar que las paredes están frías y que el eco de nuestra propia soledad es parte del paisaje.
Hay una pintura de Goya, el Perro semihundido, que me obsesiona. Se ve solo la cabecita de un perro asomando tras una masa ocre, mirando hacia arriba. No sabemos si se está ahogando o si está intentando trepar. Esa es la ambivalencia de la depresión. Es un estado liminal. El arte nos dice que, incluso cuando estamos sumergidos hasta el cuello en la nada, la mirada sigue buscando un punto de referencia en el cielo. Es un instinto de supervivencia que la lógica a veces no alcanza a explicar.
Creo, muy personalmente, que nadie sale del pozo solo con manuales. La activación conductual es el primer paso: mover un dedo, luego una mano. Mi objetivo semanal es «Caminar con el paciente por el valle de sombras: Una mirada clínica», lo que significa no apurar el amanecer, sino aprender a encender una linterna mientras todavía es de noche. No busques grandes épicas; buscá ese pequeño acto —un café, una llamada, un paseo— que le devuelva un gramo de peso a tu existencia.
Referencias Bibliográficas
- Frankl, V. E. (2015). El hombre en busca de sentido. Herder Editorial.
- Goya, F. (1819-1823). Perro semihundido [Pintura]. Museo del Prado, Madrid.
- San Juan de la Cruz. (2010). Poesía completa. Alianza Editorial.
- Von Trier, L. (Director). (2011). Melancholia [Película]. Zentropa.


