Soren Kierkegaard advirtió que «una vez que me etiquetas, me niegas». En el encuentro clínico, es tentador refugiarse en la seguridad estadística del DSM-5, reduciendo el misterio de una vida a un conjunto de criterios diagnósticos. Sin embargo, la depresión no es solo una lista de síntomas o un desequilibrio neuroquímico; es el grito de un alma que ha perdido su brújula en medio de la niebla. Al recibir a un paciente, no veo una patología caminando, sino una narrativa herida que busca ser reconocida en su totalidad. El diagnóstico debe ser una herramienta para la comprensión, un punto de partida necesario, pero nunca el punto final donde se agota la identidad de un ser humano que sufre, ama y anhela trascender su propio dolor.
La psicología basada en la evidencia nos ofrece protocolos rigurosos, como los de la Terapia Cognitivo-Conductual, que resultan esenciales para aliviar el padecimiento de manera eficaz. No obstante, el rigor científico no debe convertirse en una armadura que nos impida ver la singularidad radical del otro. Como sostenía Karl Jaspers, el ser humano es siempre algo más de lo que sabe de sí mismo. En mi labor, integro la técnica con la mirada existencial, comprendiendo que los esquemas mentales no son solo estructuras lógicas, sino la forma en que cada persona intenta dar sentido a su existencia en un mundo a menudo caótico. No tratamos trastornos aislados, sino personas que, en su complejidad inagotable, desafían cualquier intento de categorización absoluta.
En mi práctica diaria, cada sesión se convierte en un espacio sagrado donde la ciencia y la trascendencia se estrechan la mano. Reconozco frente a mí una dignidad intrínseca que ninguna etiqueta clínica puede abarcar por completo; estoy ante una historia que merece ser tratada con reverencia. El DSM-5 nos entrega el mapa, pero el paciente es quien habita el territorio de sus sombras y sus luces. Mi compromiso no es solo corregir lo que parece «roto», sino acompañar al individuo en el descubrimiento de un propósito que dote de significado a su biografía. Al final, la verdadera salud mental no es solo la ausencia de síntomas, sino la restauración de la capacidad de amar, trabajar y esperar con libertad.
Referencias
- American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.).
- Jaspers, K. (1997). General Psychopathology (J. Hoenig & M. W. Hamilton, Trans.). Johns Hopkins University Press. (Original work published 1913).
- Kierkegaard, S. (2007). The Concept of Anxiety: A Simple Psychologically Orienting Deliberation on the Dogmatic Issue of Hereditary Sin (R. Thomte, Trans.). Princeton University Press. (Original work published 1844).


