Cuando piensas en escuchar, seguramente imaginas atender a la voz del otro, captar sus palabras y sus silencios. Pero, ¿qué pasaría si la escucha más profunda que puedes aprender es la que dirige hacia ti mismo? Escucharte no es solo oír tus pensamientos; es abrir espacio a tu propio sentir, comprender tus emociones y reconocer tus verdaderas necesidades, como enseñaron grandes pensadores y la espiritualidad cristiana.
En la filosofía de Sócrates, el mandato más valioso es «conócete a ti mismo», un llamado a la autoindagación que solo puede realizarse si primero aprendes a escucharte. Rainer María Rilke dijo que para escribir o crear, necesitamos hablar con nuestro interior y atender ese diálogo silencioso. En la tradición cristiana, escuchar la «voz interior» del Espíritu Santo implica una atención humilde y atenta a lo que verdaderamente nace en nuestro corazón. Este ejercicio, aunque sencillo en apariencia, requiere valentía para confrontar nuestras dudas y miedos, y paciencia para sostenernos en la incertidumbre sin evadir.
Por eso, cuando aprendes a escucharte, descubres un espacio donde no solo oyes palabras, sino que te encuentras a ti mismo en su más pura esencia. Es un acto de respeto y amor propio que te conecta con tu autenticidad y te permite dar presencia verdadera a los demás. Escucharte es, en última instancia, aprender a estar despierto en tu propia vida ya responder con integridad a la llamada que surge desde tu interior. ¿Te animas a ingresar en ese diálogo vital contigo?


