
Cuando salió esa maƱana nunca imaginó lo que iba a ocurrir. Ya que sus dĆas eran mĆ”s bien de un oscuro gris, y de sorpresas ya no esperaba muchas. Pero el tiempo que siempre se las ingenia para acostumbrarnos, buscaba insistentemente domesticarlo como a tantos otros, pero aĆŗn no lo lograba.
Sus miradas, la de ellos, se perdĆan en un pozo sin vacĆo, y Ć©l no querĆa caer en recorrer esa misma senda. RehuĆa esos encuentros, porque decĆan que solo bastaban unos instantes y te convertĆan en uno mas: de un oscuro gris.
Pero sin saber esa maƱana iba a ser diferente. Los dĆas anteriores no habĆan sido buenos porque las dificultades que se presentan muchas veces como cimientos endurecidos a los cuales no puedes rodear, se habĆan instalado no solo frente a su casa sino que lo habĆan rodeado, teniendo que escalarlos cada vez que querĆa salir de ella. Lo Ćŗnico bueno de ello era la vista espectacular que se lograba en las alturas. Pero siempre tenĆa que bajar para continuar.
AsĆ que habiendo bajado de ellos, tomo un tranvĆa hacia las alturas de la ciudad. Siempre hacĆa lo mismo en esas circunstancias. Las alturas le permitĆan respirar mĆ”s hondo y verdaderamente. Pero tambiĆ©n alejarlo.
Aun asĆ lo grisĆ”ceo tambiĆ©n lo siguió hasta allĆ”. ĀæCómo escapar de sĆ mismo? Entre las rocas se durmió de cansancio y solo ante un fuego que ilumino su contorno, soñó. En otros tiempos y lugares, en otras situaciones y realidades. La leƱa parecĆa querer hablar con su crepitar constante. Pero Ć©l no la oĆa. Solo se oĆa a sĆ mismo. Los pensamientos se escaparon de ahĆ y no quedo nadie excepto Ć©l. Pero Āæno era lo que ocurrĆa siempre?. Y durmió, durmió tan profundamente queriendo acallarlo todo.
Pero ese despertar fue distinto a los demĆ”s. El frĆo que ya estaba ahĆ, observando, esperando, le dijo: Ā”Buen dĆa!…Ā”buen dĆa!, despierta soƱador. Que el dĆa pasa y no estas en Ć©l.
Sus ojos querĆan abrirse, pero Ć©l se los negaba.
Ā”Buen dĆa!…Ā”buen dĆa!, despierta soƱador. SĆ© que estas ahĆ. Y fue tan insistente esta vez, que Ć©l se vio obligado a responder.
Buen dĆa, pero que tienen de buenos⦠serĆan buenos si los colores danzaran, si el calor riera, y si yo vivieraā¦en verdad. Lo dijo un tono que desapareció en el silencio.
El frĆo aunque muchos dicen que es indiferente a todos, no lo era en realidad, ya que en el fondo era un alma sensible. Lo miro con cariƱo y volvió a hablar.
SĆ, hombre ciego y tonto, los colores danzan cada dĆa y el calor busco hablarte anoche, pero estaban tan ensimismado que no te diste cuenta. Solo fĆjate en todos los que estamos en esta cima.
Exacto, dijo una voz grave y carnosa. Mira como soy yo, exclamo el Ć”rbol, que estaba tan verdoso y grande. Si quieres te puedo convidar un poco de lo mĆo. De mi hojas, las podrĆas ocupar para tejerte una armadura y de mis raĆces sacar esa fortaleza cuando veas que te embisten.
El jilguero que habĆa escuchado toda la conversación por su naturaleza tan curiosa, exclamo: Ā”y si tu quieres podrĆas ocupar mi voz, para que la armonĆa vuelva a ti!
Pero una cuarta voz mĆ”s cristalina tambiĆ©n se hizo escuchar: Ā”ven! acĆ©rcate y lava tu rostro en el mĆo, y bĆ©beme, asĆ podrĆ”s estar vivo otra vez. Dijo la amistosa agua.
Son muy amables y generosos todos ustedes, yo solo buscaba escapar de la ciudad y yacer aquĆ. Y no encontrar a nadie, pero es inĆŗtil huir de uno mismo. QuizĆ”s deba volver y mirar otra vez. Ayer estaba todo gris pero hoy el sol ha vuelto salir. Dijo pensativo. Y guardo silencio, ya que todos continuaban mirando.
Pero finalmente la maƱana dijo con su suave voz: Espero que seas muy feliz ahora. Y un intimo silencio abarco todo el lugar.
SĆ, respondió Ć©l. Ahora quiero que sĆ. Volver a ver, oler y sentir otra vez. Peroā¦lo que tengo ahora Āælo volverĆ© a perder?
QuizĆ”s, respondió ella, pero la existencia consiste en ello. En buscar, encontrar y extraviar, para seguir buscando. Somos eternos buscadores, pero no te asustes, que todo esto sĆ tiene un sentido. Lo Ćŗnico eterno eres tĆŗ y eso no se puede perder. Y aunque pareciera que hemos perdido, no es asĆ. Siempre ganamos. Con los aƱos te darĆ”s cuenta. AdemĆ”s puedes volver todas las veces que sea necesario.
Gracias, respondió él y partió.
A J.

