Amaneció en Posadas con esa humedad que se te mete en los huesos y, mientras miraba el vapor de mi café, me dio por cavilar —llámenlo deformación profesional o simple manía de doctorando— sobre por qué demonios nos peleamos tanto con lo que sentimos. Nos han vendido que estar ansioso es como tener un virus o una falla de fábrica que hay que extirpar sin anestesia. Pero, ¿y si estamos mirando el mapa al revés? Quizás la ansiedad no es ese monstruo debajo de la cama, sino una brújula descalibrada que grita porque teme que te pierdas en el camino.
Primero, hay que entender que ese nudo en el estómago es, en esencia, un centinela muy fiel que se quedó sin pilas o que, de tanto ver sombras, empezó a confundir un gato con un tigre de Bengala. Søren Kierkegaard decía algo que me vuela la cabeza: «La angustia es el vértigo de la libertad». Básicamente, si tiemblas es porque puedes elegir, porque tu «Yo» está frente a un abismo de posibilidades y tu sistema de alarma simplemente se ha vuelto hipervigilante ante la incertidumbre del futuro.
En segundo lugar, recalibrar no es lo mismo que silenciar. En la clínica, o incluso cuando uno revisa su propia historia, se nota que la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) no busca «borrar» la emoción, sino entender su gramática. Si no distinguimos entre una depresión real y una crisis de sentido, terminamos medicando el alma cuando lo que se necesitaba era un propósito. Como bien soltó Viktor Frankl, el hombre que tiene un «porqué» puede soportar casi cualquier «cómo».
Finalmente, el cuerpo grita lo que la lengua no se atreve ni a susurrar: taquicardias, insomnio o ese ruido mental constante. Es pura semiótica biológica. En iPsiquis —ese proyecto que por fin verá la luz este marzo— buscamos justamente eso: entender la arquitectura del malestar. No es lo mismo un estrés por exceso de agenda que una herida de abandono disfrazada de urgencia.
Al final, quizás la paz no sea el silencio absoluto, sino aprender a bailar con el ruido. No busquen apagar la brújula; aprendan a leerla de nuevo, con paciencia y algo de rigor académico. Creo yo, vamos, que el miedo deja de ser una cárcel para volverse el primer paso hacia una vida más auténtica.
Bibliografía
- Frankl, V. E. (2015). El hombre en busca de sentido. Herder. (Obra original publicada en 1946) .
- Kierkegaard, S. (2016). El concepto de la angustia (D. G. Rivero, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1844) .
- Sayago, J. M. (2026). Estrategia de Comunicación Clínica iPsiquis: Semestre I. Documento técnico de trabajo.

