Te detienes un segundo, miras tu agenda saturada y sientes que, a pesar de tus éxitos, el suelo bajo tus pies parece arena movediza. Te han enseñado que el liderazgo es sinónimo de previsión absoluta, pero tu realidad de alto impacto te recuerda que habitas un mundo volátil donde la incertidumbre es la única constante. Como bien observaba Kierkegaard, esa angustia que experimentas no es más que el «vértigo de la libertad», la consciencia profunda de que eres el autor de tu propia biografía en medio de un océano de posibilidades. No permitas que la urgencia de los resultados te robe la calma; recuerda que, según la sabiduría de Marco Aurelio, la verdadera serenidad no es la ausencia de tormenta, sino el fortalecimiento de tu «ciudadela interior» frente al caos externo.
Gestionar lo impredecible requiere que dejes de ver el futuro como una amenaza y empieces a entenderlo como el espacio sagrado donde se forja tu carácter. En la psicología de alta complejidad, aplicamos la dicotomía del control: a menudo te desgastas intentando gobernar eventos externos, mientras descuidas el único territorio soberano que realmente posees, que es tu propia interpretación de los hechos. Si logras habitar ese espacio de libertad entre el estímulo y tu respuesta, como proponía Viktor Frankl, transformarás el estrés reactivo en una respuesta cargada de sentido y propósito. No se trata de alcanzar la omnipotencia, sino de recuperar la humildad de reconocer que no somos dioses, permitiendo que el descanso sea un acto de sabiduría y no un lujo postergado.
Al final del día, tu capacidad para liderar de manera auténtica depende de cuánto te atreves a confiar en lo invisible. La tradición cristiana nos invita a no afanarnos por el mañana, entendiendo que la paz es una decisión basada en la confianza y no en la seguridad de las estadísticas. Quizás la verdadera maestría profesional consista en aceptar tu fragilidad original para que el «centinela de tu mente» deje de vigilar peligros imaginarios y empiece a custodiar tu presencia real en el aquí y ahora. ¿Y si la incertidumbre fuera, en realidad, la invitación necesaria para dejar de producir y empezar, simplemente, a ser? Respira, suelta el timón por un instante y confía en que el sentido de tu labor trasciende cualquier diagnóstico de mercado.


